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Sea lo que sea que pase por tu mente no te enfoques en ello ni trates de eliminarlo. Yongey Mingyur Riponche

Tira la vaca por el barranco

José Escánez Carrillo 17/01/2019 0 comments 0

“Un maestro y su discípulo estaban peregrinando cuando encontraron una cabaña muy pobre. En ella vivía una familia formada por un hombre, su mujer y cuatro hijos. Les pidieron alojamiento, a lo que los campesinos accedieron. A pesar de su pobreza, compartirían lo poco que tenían. Durante la cena el maestro preguntó de que vivían: El hombre le explicó que tenían una vaca, de la que sacaban leche diaria y un poco más que cambiaban por alimentos con otros campesinos. Con lo que sobraba hacían queso y poco más. Eso les permitía ir sobreviviendo a duras penas.

Al otro día, cuando los viajeros prosiguieron su camino, el discípulo dijo:

– Maestro, qué buena gente, compartieron con nosotros lo poco que tenían. Y qué pobres son. ¡Me gustaría ayudarlos! ¿No podemos hacer nada por ellos?

El maestro, sin pensarlo, contestó:

– ¿Quieres ayudarlos? Vuelve y empuja la vaca por el barranco.

– Pero, maestro, ¡es su única fuente de alimento!

– Haz lo que te digo.

El discípulo pensó que el maestro había enloquecido, pero no tenía más remedio que obedecer, y así lo hizo.

Años más tarde, el discípulo volvió a pasar por la región, y lleno de remordimiento y curiosidad pasó por la casa. Al acercarse, la vio mucho más arreglada, e incluso vio mucho terreno sembrado que no estaba antes. Pensó que quizá la familia sucumbió a su pobreza y otra con más posibilidades se había instalado allí.

El campesino se acercó reconociéndolo:

– Bienvenido, ¡Cuánto me alegro de verle! ¡Ustedes nos trajeron suerte! El día que se fueron se nos cayó la vaca por el barranco. Al principio pensamos que íbamos a morir de hambre y lo primero que hicimos fue vender la carne. Con lo que nos dieron, compramos semillas y las sembramos para alimentarnos, pero la cosecha fue buena y pudimos vender algo, con lo que compramos unas ovejas. Mi esposa comenzó a tejer prendas con la lana, que vende en el mercado, y mi hijo mayor aprendió a trabajar la madera del bosque y hace muebles para toda la comarca. Ahora estamos pensando en comprar más terrenos para sembrar”.

Al escuchar este cuento hace años, reflexioné sobre cuál es la vaca a la que me aferraba para intentar proporcionarme seguridad. Qué modos de pensar, hacer y sentir hacía míos para evitar enfrentarme a la incertidumbre de lo que había más allá y, en definitiva, qué es aquello que me resistía a soltar por comodidad y miedo, y que me impedía ver otras posibilidades.