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Sea lo que sea que pase por tu mente no te enfoques en ello ni trates de eliminarlo. Yongey Mingyur Riponche

Yo puedo con todo…

José Escánez Carrillo 06/04/2017 0 comments 3

En su obra “La sociedad del cansancio”, el filósofo Byung-Chul mantiene que en nuestro siglo surge una nueva sociedad de la producción, donde el ser humano ha evolucionado hacia un individuo “del rendimiento”. El mal propio de nuestra época es el cansancio, y este se deriva de la creencia impuesta de poder con todo: “yo puedo”.

Afirma que se acaba siendo una víctima de un sistema que lleva a la auto-explotación, a  exigirse cada vez más, en la sensación de que nada es suficiente. Y resulta mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad que es pura ilusión, porque las elecciones vienen impuestas y no hay vacilación ni posibilidad de decir que no. El explotador es al mismo tiempo el explotado. La sociedad es la que impone sutilmente metas que nos esforzamos en alcanzar, siendo nosotros mismos quienes nos exigimos, en un estado de constante demanda, llegar a lo establecido.

La prioridad es estar activo, atender diversos frentes a la vez, realizar jornadas interminables que nunca dejan la sensación de ser lo suficientemente productivos. No paramos ni un momento porque el hecho de no hacer nada está visto como algo negativo. Ello implica vivir deprisa y atender una elevada cantidad de estímulos sin profundizar en ninguno, aislándonos porque no hay tiempo para todo.

Tras la creencia de que somos capaces de todo, se esconde su lacra: si no consigues lo que quieres entras en un reproche destructivo, ya que todo depende de tu voluntad. Así, la sociedad del rendimiento y la producción crea individuos ansiosos, deprimidos, frustrados y fracasados. Se generaliza la sensación de no ir a ninguna parte y de repetirse un día tras otro como un diabólico déjà vu. El estrés parece envolver todos y cada uno de los momentos de nuestra vida, y el consumismo aparece como la vía de escape del vacío existencial que se impone.

Ante esto, me viene algo que he escuchado hace poco: “hago lo que puedo. Es mucho, y es suficiente”. Puede ser una forma de bajarse de la auto-exigencia, de no esperar conseguir ni que otros me proporcionen más, de no buscar en mí ni en los demás la perfección. De congratularme con lo que hago y agradecer lo que hace el otro. Ya que en la exigencia ni felicito ni agradezco, y estoy más pendiente de lo que no me dan o no alcanzo a darme en lugar de atender lo que ya tengo, porque “puedo con todo, y nada es suficiente”.